Cómo reconocer una piel con Dermatitis Atópica?

La piel irritada y con picor es una condición extrema de la piel muy seca y corresponde a una piel atópica. Se trata de una patología cutánea que comienza desde la más tierna infancia y es una verdadera epidemia, de hecho es una de las principales causas de visitas al dermatólogo.

La dermatitis atópica es la manifestación en la piel de un proceso de hipersensibilidad general en el contexto de una serie de defectos en la formación de la epidermis motivados en una gran mayoría de los casos por unas mutaciones genéticas.

Es muy frecuente la asociación previa o posterior de rinitis alérgica, asma, conjuntivitis alérgica tanto en los pacientes como en sus familiares.

Síntomas de la dermatitis

Se suelen definir unas fases en la dermatitis atópica ya que en el lactante es frecuente la afectación de mejillas y cuero cabelludo así como pliegue del cuello y posteriormente suele aparece en las zonas de extensión de brazos para luego ser los pliegues de brazos y piernas donde aparece la enfermedad

Aunque es más frecuente la dermatitis atópica en la infancia (hasta un 20% de la población infantil), cada vez son más numerosos los casos de dermatitis atópica del adulto con una clínica de eccema generalizado que produce una perdida en la calidad de vida muy importante y la necesidad de agresivos tratamientos

Tratamientos de la dermatitis

Los tratamientos son muchos, muy personalizados en cada paciente y que deben acompañarse de un apoyo psicológico al paciente e incluso a su familia siendo imprescindible la confianza mutua entre médico y paciente ya que los tratamientos a veces no resultan eficaces y hay que buscar la terapia optima para cada paciente

En primer lugar, se debe mantener una piel bien hidratada y eso sólo se consigue mediante la aplicación de cremas hidratantes, jabones que no agredan la piel ni sean potencialmente alergénicos. Medidas útiles en la población infantil serían baños cortos incluso con alguna sustancia antiséptica ( sulfato de zinc..) en la fase de brote con lo que se consigue calmar la inflamación cutánea. Cuando posteriormente llegamos a una fase de piel seca es cuando al baño se le pueden añadir aceites…

En la fase aguda es fundamental el uso de corticoides sobre todo tópicos, pero también en ocasiones sistémicos con control médico. Mejor utilizar corticoides de última generación ya que han demostrado menor absorción y capacidad de producir efectos secundarios. También se usan los inhibidores de la calcineurina (tacrolimus 0,1%, pimecrolimus 1%) pero en las fases agudas suelen escocer por lo que suelen ser más útiles un poco más tarde, en fases subagudas o crónicas incluso con terapia de mantenimiento con aplicación de dos días por semana, lo que disminuye el número de brotes.

La utilización de antihistamínicos, aunque controvertida, ayuda a disminuir parcialmente el prurito y se pueden mantener muchos meses

Las formas más severas de la enfermedad serán tratadas con radiación ultravioleta, o inmunosupresores tipo ciclosporina, azatioprina, metotrexate, micofenolatomofetil. Existen investigaciones en curso sobre el uso de fármacos biológicos (omalizumab) en procesos que no responden a los anteriores tratamientos.

Causas de la dermatitis

Son muchos los factores implicados destacando una serie de fallos genéticos tanto en los genes encargados de la formación de la sustancia que une las células de la epidermis (la filagrina) como en genes encargados de la respuesta inflamatoria, los cuales, al estar alterados provocan una situación de “seudoalergia” constante

También influye en los brotes las situaciones de stress, jabones o sustancias irritantes como la lana, las colonias. Es muy poco frecuente que determinadas alergias a alimento (que pueden presentarse paralelamente) provoquen brotes de dermatitis atópica.

Pronóstico de la dermatitis

Aunque hace años se decía que el proceso que aparecía en la infancia se curaría durante el crecimiento del niño, parece que cada vez hay más casos de pacientes adultos ya que influyen factores genéticos o ambientales que lo perpetúan. Estos niños/niñas tienen más tendencia a desarrollar asma o rinitis alérgica que la población no afecta de dermatitis atópica, lo que también condiciona el pronóstico.

Además, se pueden desarrollar alergias de contacto a componentes de cremas, jabones, perfumes, por lo que es fundamental el control dermo-alérgico de los pacientes.

En ocasiones los tratamientos son agresivos (inmunosupresores) por lo que los casos graves deben ser atendidos en unidades multidisciplinares hospitalarias.

Sin embargo, afortunadamente, la mayoría de los casos son leves y basta unas medidas hidratantes adecuadas y tratamientos cortos con cremas de corticoides o inhibidores de la calcineurina para controlarlos.

Los beneficios de la Autoobservación.

La autoobservación nos va a ayudar a conocernos a nosotros mismos, ya que nuestras propias variables internas nos van a ofrecer datos sobre por qué nos comportamos de una determinada manera.

La autoobservación aumenta el crecimiento de nosotros mismos y a veces, descubrimos cosas de las que no somos conscientes. La autoobservación nos permite auto-controlarnos, porque podemos prever nuestro comportamiento y así poder controlarlo; cuanto más conocimiento tengamos de nosotros mismos, más podremos auto-controlarnos y mejor nos adaptaremos. Por tanto, la autoobservación consiste en deliberadamente percibirnos a nosotros mismos tomando consciencia de nuestro ser y del principio de realidad en el que estamos inmersos y de como este principio de realidad impacta a nuestro ser.

Un observador se limita a tomar nota de lo que haces y sientes, no juzga, no corrige, sólo te hace tomar conciencia del estado de tu cuerpo y tu mente en determinados momentos, abstrayéndote por unos instantes de los quehaceres o incidentes que ocupan tu atención.

Quizá no te resulte muy fácil al comienzo, pero si logras adquirir la costumbre no tardarás en apreciar la utilidad de la autoobservación. Sin darte cuenta irás cambiando conductas y esos cambios redundarán en beneficio tuyo y de los que te rodean.

La autoobservación puede ser útil como elemento motivador porque la persona se conoce mejor y puede provocar cambios, los cuales, si son buenos, actúan como refuerzo. La autoobservación también puede hacerse retrospectivamente, aunque la reconstrucción del pasado no sea exacta. También es importante hacerla para conocer la forma de pensar del sujeto, para conoce que punto de vista tiene él de las cosas.

Es importante implementar la Autoobservación para transformar las emociones negativas en paz interna, pero como podemos generar esa Autoobservación? para ordenar nuestro pensamiento y poder hacer una correcta observación de nosotros mismos es importante comprender que vivimos en dos realidades, una exterior que está compuesta por eventos, que son todas las situaciones que experimentamos en la vida, y una interior que está compuesta por emociones, sensaciones y pensamientos que pueden ser agradables o buenos y desagradables o malos, a lo largo de la historia humana nos hemos vuelto expertos en observa los eventos externos y hemos olvidado poner atención en los eventos internos.

La Autoobservación vuelca la mirada hacia nosotros mismos y de los eventos internos como emociones, sensaciones y pensamientos, es saber sobre nosotros mismos y de como está nuestro mundo interior ya que a simple vista físicamente o exteriormente podemos estar muy bien, pero es importante conocer como nos encontramos internamente en nuestras emociones, sensaciones y pensamientos y esto se logra por medio de la Autoobservación.

Si logramos autoobservarnos en el momento de enfrentar algún conflicto externo, podremos tomar distancia crítica y tomar mejores decisiones ya que estaremos generando la libertad, claridad y objetividad de como reaccionar ante cada experiencia de la vida, teniendo consciencia de “si” y consciencia de todo aquello externo que está afectando a nuestro estado de animo, el beneficio es tener una optima relación con nosotros mismos y por consecuencia con los demás, el beneficio evidente deriva a una mayor y mejor calidad de vida.

“La Autoobservación es un recurso siempre disponible frente a cualquier Punto de Fricción, grande o pequeño, un aliado infalible e infatigable. Aplícalo aquí y ahora, despliega tu Conciencia Autorreflexiva y trasciende el conflicto”.

Aprende a Vivir con una enfermedad crónica.

Cuando te diagnostican una enfermedad crónica, las reacciones pueden ser muy diferentes. Cada uno lo afrontamos de una manera distinta, pero, en general, todas las reacciones al recibir la noticia del diagnóstico suelen ser pesimistas y negativas.

Lo primero que viene a la mente es que una enfermedad crónica te acompañará toda la vida, y asumir esta idea no siempre es sencillo, sobre todo, si se trata de una patología que tiene un fuerte impacto en tu calidad de vida. Además, surgen las dudas sobre cómo afrontar el futuro a partir de aquí.

Vivir con una enfermedad de larga duración (también denominada crónica) plantea nuevos retos a una persona. Aprender a afrontar esos retos es un proceso largo, no es algo que se consiga de la noche a la mañana. Pero entender lo que te ocurre y participar activamente en el cuidado de tu salud te ayudarán a afrontar esos retos. Mucha gente descubre que el hecho de adoptar un papel activo en el tratamiento de un problema de salud crónico le ayuda a sentirse más fuerte y más preparada para enfrentarse a muchas dificultades y pruebas que les depara la vida.

¿Qué es una enfermedad crónica?

Hay dos tipos de enfermedades: agudas y crónicas. Las enfermedades agudas (como un catarro o una gripe) suelen durar relativamente poco. Sin embargo, las enfermedades crónicas son problemas de salud de larga duración (la palabra “crónico” proviene del término griego chronos, que significa tiempo).

El hecho de padecer un trastorno crónico no implica necesariamente tener una enfermedad grave o que puede poner en peligro la vida de una persona, aunque algunas enfermedades crónicas, como el cáncer y el SIDA, lo pueden hacer.

Las enfermedades crónicas también incluyen trastornos como el asma, la artritis y la diabetes. A pesar de que los síntomas de una enfermedad crónica pueden desaparecer con los cuidados médicos, generalmente la persona sigue padeciendo la enfermedad subyacente, aunque los tratamientos que recibe pueden implicar que se sienta sano y se encuentre bien gran parte del tiempo.

Cada enfermedad crónica tiene sus propios síntomas, tratamiento y evolución. Exceptuando el hecho de que son relativamente duraderas, las distintas enfermedades crónicas no se parecen necesariamente entre sí en otros aspectos. La mayoría de las personas que padecen enfermedades crónicas no piensan en ellas mismas como en un “enfermo crónico”, sino como en alguien que padece un trastorno específico como el asma, la artritis, la diabetes, el lupus, la anemia falciforme, la hemofilia, la leucemia o la enfermedad concreta que tengan.

Si padeces una enfermedad crónica, es posible que no sólo te afecte físicamente, sino también emocional, social y a veces, incluso, económicamente. La forma en que a una persona le afecta una enfermedad crónica depende de la enfermedad particular que tiene y cómo repercute sobre su cuerpo, la gravedad de la enfermedad y el tipo de tratamientos que requiere. Aceptar y adaptarse a la realidad de padecer una enfermedad crónica requiere tiempo, pero los jóvenes que están dispuestos a aprender cosas sobre su enfermedad, a buscar y aceptar el apoyo de los demás y a participar activamente en el cuidado de su salud generalmente superan con éxito el proceso de afrontamiento.

El proceso de afrontamiento

La mayoría de las personas atraviesan varias fases en el proceso de asumir que padecen una enfermedad crónica y de aprender a vivir con ella. Cuando a una persona le diagnostican una enfermedad crónica en concreto, puede sentir muchas cosas. Algunas personas se sienten vulnerables, confundidas y preocupadas por su salud y su futuro. Otras se decepcionan y se autocompadecen. Algunas encuentran injusto lo que les ha pasado y se enfadan consigo mismas y con la gente a quien quieren. Estos sentimientos forman parte del principio del proceso de afrontamiento. Cada persona reacciona de una forma diferente, pero todas las reacciones son completamente normales.

La próxima fase del proceso de afrontamiento consiste en aprender cosas sobre la enfermedad. La mayoría de la gente que tiene que vivir con una enfermedad crónica descubre que “El conocimiento es poder” cuanto más saben sobre su trastorno, más sienten que controlan la situación y menos les asusta.

La tercera fase del proceso de afrontamiento de una enfermedad crónica consiste en tomar las riendas de la situación. En esta etapa, la persona se siente cómoda con los tratamientos y las herramientas (como los inhaladores y las inyecciones) que debe utilizar para llevar una vida normal.

Por ejemplo, una persona con diabetes, puede experimentar un abanico de emociones cuando le diagnostican la enfermedad. Tal vez crea que no va a ser capaz de pincharse para determinar su nivel de glucosa en sangre o de inyectarse insulina para controlar la enfermedad. Pero, después de trabajar con el personal médico y de entender mejor su enfermedad, se familiarizará con todo el proceso y dejará de hacérsele una montaña. Con el tiempo, controlar la diabetes se convertirá en algo secundario en su vida. Los pasos implicados en el tratamiento de la enfermedad se convertirán en una forma más de cuidar de su cuerpo y mantenerse sano, como lavarse los dientes después de las comidas o ducharse.

No existen límites definidos de tiempo para completar el proceso de afrontamiento el proceso de hacerse a la idea y aceptar que se padece una enfermedad crónica es diferente en cada persona. De hecho, la mayoría de gente comprobará que tiene las emociones a flor de piel en todas las fases del proceso. Aunque el tratamiento vaya bien, es normal estar triste o preocupado de vez en cuando. Reconocer esas emociones y ser consciente de ellas cuando emergen forma parte del proceso de afrontamiento.

Herramientas para asumir el control

La gente que padece una enfermedad crónica a menudo encuentra que las siguientes pautas les ayudan a asumir y afrontar la situación:

Reconoce tus sentimientos. Las emociones pueden no ser fáciles de identificar. Por ejemplo, dormir mucho, llorar mucho o estar de mal humor pueden ser signos de tristeza o depresión. También es bastante habitual que las personas que padecen una enfermedad crónica se sientan estresadas al sopesar las realidades de padecer una enfermedad crónica, por un lado, y de tener que rendir en los estudios, cumplir los compromisos sociales y otros aspectos de la vida cotidiana, por el otro.

Muchas personas encuentran un gran apoyo en servicios o personas concretas especializados en ayudar a afrontar el estrés y las emociones intensas. A algunas personas les va bien hablar con un psicoterapeuta o unirse a un grupo de apoyo pensado especialmente para gente que padece su enfermedad. También es importante que te dejes ayudar por aquellas personas en quienes confías, como tus mejores amigos y tus familiares. Lo más importante a la hora de buscar ayuda no es necesariamente encontrar a alguien que sepa mucho sobre la enfermedad que padeces, sino a alguien que esté dispuesto a escucharte cuando estés deprimido, enfadado, frustrado — o simplemente alegre como unas castañuelas. Identificar tus emociones, aceptarlas como una parte natural del proceso que estás viviendo y expresarlas o compartirlas de una forma en que te sientas cómodo te puede ayudar a sentirte mejor con tu situación.

Desempeña un papel activo en el cuidado de tu salud. La mejor forma de aprender sobre tu enfermedad y sentir que controlas la situación es haciendo preguntas. Cuando vayas al médico, generalmente te dará mucha información, que no siempre podrás asimilar a la primera. Es posible que te queden aspectos concretos sin aclarar y que tengas que pedirle al médico o el personal de enfermería que te repita algunas cosas para estar seguro de que lo has entendido todo. A mucha gente le cuesta mucho pedir: “Por favor, ¿puede repetírmelo?” por miedo a parecer tonta. ¡Pero los médicos necesitan años de estudios y práctica para aprenderse la información que a ti te dan en una sola visita!

Si te acaban de diagnosticar determinada enfermedad, tal vez te ayude anotar las preguntas que te gustaría formularle a tu médico. Por ejemplo, tal vez te interese saber:

  • ¿Cómo me afectará esta enfermedad?
  • ¿Qué tipo de tratamientos tendré que seguir?
  • ¿Será doloroso?
  • ¿Cuántas sesiones de tratamiento necesitaré?
  • ¿Tendré que faltar a clase?
  • ¿Podré hacer deporte, tocar un instrumento musical, ensayar la obra de teatro de la escuela o participar en otras actividades con las que disfruto?
  • ¿Qué puedo esperar? ¿Se puede curar mi enfermedad? ¿Desaparecerán los síntomas?
  • ¿Qué efectos secundarios tienen los tratamientos y cuánto duran?
  • ¿Me provocarán sueño, mal humor o debilidad?
  • ¿Qué pasará si me salto una sesión de tratamiento o me olvido de tomar la medicación?
  • ¿Y si los tratamientos no funcionan?

A pesar de que tu médico no podrá predecir exactamente cómo responderás al tratamiento porque la respuesta varía considerablemente de una persona a otra, el hecho de saber cómo reaccionan algunas personas te puede ayudar a prepararte mental, emocional y físicamente. Cuanto más aprendas sobre tu enfermedad, más entenderás el tratamiento que debes seguir y las emociones que puedes experimentar, y descubrirás la mejor forma de crear un estilo de vida saludable basado en tus necesidades individuales.

Comprende las reacciones de otras personas. Es posible que no seas la única persona que reaccione emocionalmente cuando se entere de tu enfermedad. A los padres a menudo les cuesta aceptar el hecho de que sus hijos padezcan una enfermedad crónica porque les gustaría poder evitar que les ocurra nada malo en la vida. Algunos padres se sienten culpables o creen que le han fallado a su hijo, otros se enfadan muchísimo ante lo que consideran una injusticia. Al enfermo, las emociones de los demás pueden parecerle una carga adicional, cuando, por descontado, no son culpa de nadie. Es posible que te ayude el hecho de explicar a tus padres o familiares que, cuando expresas enfado, rabia o miedo, lo único que pretendes es pedirles que te apoyen no que te curen. Diles a tus padres que no esperas que tengan todas las respuestas, pero que te ayudarán escuchando cómo te sientes y trasmitiéndote el mensaje de que te entienden.

Puesto que la adolescencia trata básicamente sobre cómo “encajar” y cómo ser aceptado por el grupo, puede resultarte difícil sentirte diferente a tus amigos o compañeros de clase. Muchas personas que padecen enfermedades crónicas están tentadas a mantenerlo en secreto. De todos modos, a veces intentar ocultar una enfermedad puede acarrear problemas, como descubrió Maria, que padece la enfermedad de Gaucher . Algunos de los medicamentos que tenía que tomar la hinchaban bastante y sus compañeros de clase empezaron a meterse con ella porque se estaba poniendo “gordita”. Cuando Maria explicó le que le pasaba, le sorprendió lo bien que reaccionaron y cómo la aceptaron sus compañeros de clase.

Cuando hables con tus amigos sobre tu problema de salud, tal vez te ayude explicarles que todo el mundo es diferente. Del mismo modo que algunas personas tienen los ojos azules y otras los tienen marrones, algunas personas son más vulnerables a determinadas enfermedades.

Dependiendo de la gravedad de tu enfermedad, es posible que te encuentres rodeado constantemente por adultos bienintencionados. Tal vez los profesores, entrenadores y psicólogos escolares intenten ayudarte y tal vez te hagan sentirte dependiente, frustrado o enfadado. Habla con ellos y explícales cómo te sientes. Informándoles y explicándoles las características de tu enfermedad podrás ayudarles a entender de qué eres capaz y a que te vean como un alumno o un atleta no como un enfermo.

Relativiza las cosas. Es fácil que una enfermedad se convierta en el principal foco de atención de la vida de una persona sobre todo cuando hace poco que se la han diagnosticado y esta empezando a hacerse a la idea y a afrontar la situación. Muchas personas encuentran que el hecho de recordarse a sí mismas que su enfermedad sólo es una parte de lo que son les ayuda a relativizar las cosas. Mantener las amistades, las aficiones y las rutinas cotidianas ayuda mucho.

Vivir con una enfermedad crónica

No hay ninguna duda de que la adolescencia puede resultar mucho más difícil cuando se tiene que hacer frente a un problema de salud. Aparte de las presiones sociales por “encajar” y ser aceptado por el grupo, éste es un período de aprendizaje sobre el cuerpo y de comprensión del propio cuerpo. En una etapa donde es natural preocuparse por la imagen corporal, puede ser muy duro sentirse diferente. Es comprensible que de vez en cuando un adolescente sienta sencillamente que no puede más y que está harto de tener que vivir con una enfermedad crónica.

Incluso aquellos adolescentes que convivieron bien con su enfermedad durante la infancia pueden sentir el acuciante deseo de llevar una vida “normal”, sin medicinas ni limitaciones y sin tener que cuidar de sí mismos de ninguna forma especial. Es una reacción completamente normal. Algunos adolescentes que han aprendido a controlar su enfermedad se sienten tan sanos y fuertes que se llegan a cuestionar si necesitan continuar con el programa de tratamiento. Por ejemplo, un adolescente con diabetes puede plantearse la posibilidad de saltarse una comida mientras está de compras en unos grandes almacenes o de medirse el nivel de azúcar en sangre después del entrenamiento en vez de antes.

Lamentablemente, dejar de seguir el programa de tratamiento puede tener consecuencias desastrosas. Lo mejor que puedes hacer es decirle al médico cómo te encuentras. Coméntale qué te gustaría hacer pero se supone que no puede hacer para que él te indique exactamente lo que puedes y no puedes hacer. Sólo es cuestión de que responsabilices y adoptes un papel activo en el cuidado de tu salud.

Cuando una persona tiene que vivir con una enfermedad crónica, a veces puede resultarle difícil querer a su cuerpo. Pero no hace falta tener un cuerpo perfecto para tener una buena imagen corporal. Tu imagen corporal puede mejorar si te cuidas, sabes valorar tus capacidades y aceptas tus limitaciones algo que es cierto para todo el mundo, padezca o no una enfermedad crónica.

Cuando una persona está cansada de estar enferma, le puede ayudar mucho expresar su frustración o su tristeza a un oído comprensivo. En momentos como ésos, es importante que pienses en cómo te pueden ayudar los demás y que pidas ayuda y expreses qué es lo que te gustaría que hicieran por ti. Algunas personas descubren que pueden aliviar su sensación de pérdida tendiendo la mano a otra gente y ofreciéndose a ayudar a otras personas que necesitan ayuda. Echar una mano a alguien te puede ayudar a que tus propios problemas te parezcan más fáciles de afrontar.

Adaptarse a vivir con una enfermedad crónica exige tiempo, paciencia, apoyo y ganas de aprender y de participar en el cuidado de la propia salud. Las personas que se tienen que enfrentar a retos inesperados a menudo descubren en ellas una capacidad de adaptación y una resistencia que antes no imaginaban que pudieran tener. Muchos dicen que aprenden más sobre sí mismos al tener que enfrentarse a esos retos, y sienten que crecen como personas y desarrollan la fortaleza interior y la autoconciencia en mucha mayor medida que si no se hubieran tenido que enfrentar a tales retos. Las personas que padecen enfermedades crónicas descubren que, cuando adoptan un papel activo en el cuidado de su salud, aprenden a entender y valorar sus puntos fuertes y a adaptarse a los débiles como jamás habían hecho.

EL GEN DE TU SALUD

¿Alguna vez hubieses pensado que tus acciones diarias tienen una influencia constante en cómo se expresan tus genes?

Sabemos que los genes son una inmensa cantidad de información valiosa que le indica a nuestro cuerpo cómo debe ser y actuar, y por ello tendemos a pensar que nacemos con unos genes determinados e irreversibles que rigen nuestra salud. Si bien es cierto que gracias a ellos tenemos los ojos azules o marrones, nuestros genes son mucho más que eso, ya que la información que ofrecen no es “fija” o “irreversible” sino que más bien se encuentra en constante interacción con la información que le ofrece nuestro ambiente. Tus genes no son un libro guardado en una biblioteca llenándose de polvo, es un libro vivo que continuamente se está re-escribiendo cada segundo del día, con la información que le da nuestro entorno y nuestras decisiones. Este es el fundamento de la epigenética: la influencia que tiene el ambiente en la expresión de genes.Por ello, partimos de la idea de que Tu Salud depende de tus acciones, no sólo de tu genética Nuestra salud es el resultado de la interacción Gen-Ambiente, y en esta interacción es el ambiente el que tiene mayor peso, es decir, si pusiéramos en una balanza cuánto influyen nuestros genes y cuánto el ambiente en la mayoría de las enfermedades: el ambiente representarían aproximadamente un 75%, los genes apenas un 25%.Ahora bien, cuando hablamos de “ambiente” no estamos hablando del clima. Los factores ambientales que influyen en nuestros genes pueden agruparse en:* Estilo de vida: nuestra alimentación, realización de actividad física, consumo de alcohol o tabaco, etc.* Medio ambiente: contaminantes químicos o físicos, presencia de infecciones, etc.* Asistencia sanitaria: consumo de fármacos, intervenciones quirúgicas, etc.Siendo nuestro estilo de vida, pero específicamente nuestra alimentación, el factor ambiental más importante en nuestra salud.Estos “factores ambientales” pueden jugar a nuestro favor para mantener una buena salud o pueden jugar en nuestra contra favoreciendo la aparición de enfermedades, y allí entra nuestra capacidad para trabajar en función de nuestra salud.¿Cómo usamos los factores ambientales a favor de nuestra salud?Lo primero que debes hacer es Reconocer y Remover tus cargas o estresores ambientales, para poder Reestablecer una adecuada interacción gen-ambiente y así Recuperar tu salud:

  1. RECONOCE Y REMUEVE tus cargas o estresores ambientales
  2. REESTABLECE tu equilibrio gen-ambiente
  3. RECUPERA tu salud

¡Tanta sobrecarga nos enferma!El cuerpo del siglo XXI es como un burrito de carga, el exceso de carga hace que nuestro cuerpo se desplome y empiezan a aparecer las enfermedades, es decir, las enfermedades son el resultado del desequilibrio de la interacción GEN-AMBIENTE, relacionado con un exceso de estresores ambientales (toxinas, infecciones, estrés, etc) que sobrecargan nuestro organismo y alteran directamente la información de nuestros genes.Cuántas veces nos sentimos “sobrecargados” durante el día, cuando llegamos a casa; durante la semana cuando deseamos que llegue el fin de semana o durante el año cuando esperamos con ansias las vacaciones. Todos necesitamos, de vez en cuando, un merecido descanso, no sólo nuestra mente necesita “despejarse” sino también nuestro cuerpo necesita “limpiarse” o más bien, Remover todas las cargas con las que continuamente trabaja, de esta manera también ayudamos a que nuestros genes trabajen en función a nuestra salud y no en función a producir alteraciones que se convertirán en futuras enfermedades.Y en ese limpiarse o Remover tantas cargas debemos empezar por Reconocerlas. Nuestras cargas diarias no sólo el estrés del trabajo o de la rutina, como ya vimos, nuestro cuerpo, igual que nuestros genes, constantemente lidia con diversos “estresores”.
Si esta idea te parece un poco complicada de entender, de cómo necesito remover esas cargas de mi cuerpo y de mis genes, el Dr Ben Lynch nos trae una metáfora:“Cuando llegas a tu casa después del gimnasio o de hacer algún deporte, ¿qué es lo primero que haces?: te quitas la ropa, la metes en el cesto de la ropa sucia para lavar y te metes en la ducha a bañarte y colocarte luego una ropa limpia. De la misma manera, tu cuerpo, y en este caso tus genes, se sobrecargan o “se ensucian” y necesitamos ayudarlos para que estén “limpios” de nuevo”.¿Cómo podemos limpiar nuestros genes o remover esta carga de los factores ambientales?

  1. Remueve sensibilidades y toxinas alimentarias: Remueve aquellos alimentos que sobrecargan tu cuerpo, ya sea porque son difíciles de digerir, porque están genéticamente modificados y tu cuerpo los reconoce como enemigos o porque tu sistema inmune reacciona contra esos alimentos generando sensibilidades o alergias alimentarias. Tu alimentación es tu primera y más importante medicina.
  2. Remueve las toxinas de tu cuerpo: tu cuerpo se libera de las toxinas o productos que no necesita a través del sudor, orina y heces. Para ayudarlo a removerlas es importante hacer ejercicio, tomar baños de sauna o con sales de epsom, mantenernos muy bien hidratados, consumir suficiente fibra dietética, respirar aire limpio, hacer ayunos, tomar plasma marino etc.
  3. Remueve tu exposición a toxinas: evita los envases de plástico, cocinar en utensilios de teflón, el uso de pesticidas o insecticidas, prefiere el consumo de alimentos orgánicos.
  4. Relaja tu mente y tu cuerpo: muchas veces, por el estrés y por el corre corre del día (e incluso por problemas en tu flora intestinal, escogemos alimentos ricos en calorías y pobres en nutrientes con exceso de azúcar y de grasa procesada que influencia de manera negativa las hormonas. Estas en combinación a las hormonas de estrés liberadas (ejemplo, el cortisol), sobrecarga el trabajo de tu metabolismo y la forma como se expresa la información de tus genes.
  5. Recupera tu descanso: duerme suficiente, sigue un ritmo circadiano natural, evita lo electrónico 1 hora antes de dormir, come como mínimo 3 horas antes de dormir, no tomes productos con cafeína en la tarde, si sufres de apnea del sueño o roncas, busca tratar de mejorarlo.

¡Con estos 5 puntos, puedes empezar a reestablecer esa interacción gen-ambiente y recuperar tu salud!Para finalizar, te invitamos a que tengas siempre presente la siguiente pregunta:“Este alimento, suplemento/medicamento o actividad va a favorecer mis genes/salud o va a ponerlos en mayor dificultad?”“La decisión de ser saludable comienza con el próximo mordisco”